domingo, 17 de junio de 2012

Reseña de “El Lectoespectador”, de Vicente Luis Mora

Sólo los más tradicionales, los escépticos por naturaleza o los que no han conseguido entender que los métodos, tanto de escritura como los de lectura, están cambiando, pueden afirmar que las nuevas tecnologías no afectan a la literatura actual. Tan simple como ver la aparición del libro electrónico, las redes sociales o las identidades digitales, para darnos cuenta de que algo está cambiando. Si bien estamos en un estado transitivo entre el papel y los medios de lectura y escritura digital, ya podemos notar estos cambios en la aparición de cibertemáticas, de novedosas formas narrativas y poéticas (como la sustitución del narrador omnisciente por uno objetivo, desde, por ejemplo, un aparato) y otros cambios estructurales en la literatura de nuestros tiempos. Y en cuanto al [meta]lenguaje podemos observar cómo la terminología tecnológica se ha infiltrado en nuestra dialéctica y ya forma parte de nuestros modos de comprender la literatura.


En El Lectoespectador (Seix Barral, 2012), de Vicente Luis Mora, no encontraremos definiciones ni predicciones a corto o a largo plazo, por lo que comenté al inicio de esta reseña. A ciencia cierta nadie sabe en qué va a terminar esta dicotomía entre el papel y lo digital. Lo que sí podemos encontrar en este ensayo son innumerables datos; anteriores y actuales a estos cambios. También muchos conceptos del propio autor y de otros autores de referencia, que nos sirven para entender este tiempo transitivo. Y creo que precisamente en esta profusión de conceptos y de datos radica la importancia de este libro. Asimismo, siempre resultará interesante conocer la visión sobre estos asuntos, desde la literatura hacia las nuevas tecnologías porque VLM, además de crítico literario, es poeta y narrador.
Estamos acostumbrados a que los gurús de Google, Microsoft, Apple y otras multinacionales nos dicten las pautas a seguir desde las nuevas tecnologías hacia la literatura. En ese sentido El Lectoespectador es un ensayo arriesgado (por eso para un sector del mundo literario -por otras críticas que se han hecho de él- este ensayo es, cuanto menos, controversial), que se atreve a dar su particular punto de vista sobre algo tan importante que pocos escritores o críticos, en nuestro idioma, han abordado. Y entre esos pocos debo mencionar a Jorge Carrión, que en sus artículos en diversos medios también ha tratado estos asuntos. Pero esta desidia quizá se deba a que aún no son conscientes de estos cambios, o a no querer aceptar la realidad, aunque ya formen parte, como usuarios, de las nuevas tecnologías.
Al inicio el autor nos indica dos pautas principales para entrar en materia. En la primera se nos pide a los lectores “pensar sin más”. A continuación, en la segunda, nos dice que “el propósito (del ensayo) es realizar una fotografía de nuestro tiempo”. Con esas dos pautas VLM deja claro que su libro no va a ser la panacea ni el veredicto final que vaya a dirimir esta dicotomía entre el papel y lo digital. Y a partir de estas dos pautas El Lectoespectador nos envuelve en una máxima que viene desde los tiempos de Aristóteles pero que hoy, más que nunca, viene a graficar muy bien la idea nuclear de este ensayo: “El hombre prefiere mirar los objetos a cualquier otra operación sobre ellos”. El culto a la imagen aparecerá muchas veces en este libro de diversas maneras; siempre persuadiéndonos con buenos argumentos, como al sugerirnos que esta visualidad inmanente, que es característica de las nuevas tecnologías, harán inminente los cambios a los que nos referimos. El culto a la imagen como característica de nuestro tiempo. La imagen lo es todo. Y cambiando el título de una película de los hermanos Cohen podríamos decir que “Este no es un mundo para ciegos”. Aunque con los avances científicos, hasta los ciegos en un futuro próximo podrán ver.
VLM nos propone, a su vez, algo que ya está ocurriendo: los procesos híbridos entre el texto y la imagen. Para explicar esta hibridez el autor inventa unos neologismos que él denomina “internextos” y “textovisuales”. Con estos nuevos términos argumenta que Internet es una secuencia de imágenes sobre la pantalla. Esta sucesión de secuencias conllevan a que tengamos una nueva percepción, la cual genera múltiples realidades: “Creo que la página literaria es una pantalla”, nos dice el autor, estupefacto ante esta metamorfosis de la actualidad. Y de este modo, en cuanto a terminologías, ya no nos sorprende la admisión de nuevos vocablos relacionados al mundo digital en el DRAE.
VLM menciona también cómo las nuevas tecnologías han propiciado cambios sociológicos y estos, a su vez, han modificado nuestros hábitos: ahora pasamos gran parte de nuestro tiempo en el ciberespacio. Para esto ha sido necesario tender puentes entre el mundo virtual y el real. Google ha cubierto esa necesidad ofreciéndonos diversas alternativas de búsqueda, de ubicación geográfica por medio de mapas satelitales a gran escala, de vídeos a través de la plataforma Youtube, etcétera. Al respecto, me gustaría resaltar un hecho que aparece en este ensayo. Se trata de la realización de un sondeo encargado por las multinacionales Microsoft, Viacom, MTV y Nickelodeon. Este sondeo dio como resultado que las nuevas generaciones ven a la tecnología como algo inherente a sus vidas. ¿Es sorprendente el resultado? Yo creo que no.
Si el culto a la imagen es la característica principal de nuestro [ciber]tiempo, Internet es ese paisaje de fondo en el cual el rito tecnológico se lleva a cabo. Los usuarios somos unos paganos digitales que navegamos en el libre albedrío de la red. Por tanto, las aplicaciones de Internet a la vida cotidiana son irreversibles. La única alteración posible es la modernización de los dispositivos y la accesibilidad de comunicarse con mayor facilidad.  
El Lectoespectador es, en realidad, para VLM, el lector del futuro, el lector ideal; es quien se adscribirá a los métodos artísticos que resulten de mezclar el texto y la imagen. Pero como todo consumidor necesita un producto ésta será, como VLM la denomina, “la novela por venir”. Y dice lo siguiente: “La novela por venir debe hacer lo que en su tiempo hizo la novela moderna: cambiar de paradigma estético”.  Para ello, explica, los escritores (y artistas en general) están utilizando las herramientas que ofrece Google, con lo cual se está modificando la cadena de producción y distribución. Y esto, desde luego, cambiará la metodología de la gestión cultural.
Sin embargo, para VLM, estos cambios requerirán previamente de una teoría que desarrolle y lleve a la práctica esta conjunción de realidades, y cómo éstas se interrelacionarán con las demás artes. Estos cambios, según el autor de este ensayo, puede durar siglos.
El Lectoespectador es un ensayo altamente recomendable. Pero me temo que es posible que sea sólo para iniciados en la interacción de las nuevas tecnologías y la literatura. Como dije al principio de esta reseña, los más tradicionalistas, los escépticos o los que aún no se hayan dado cuenta de que la literatura está cambiando, quizá les cueste un poco más aceptar estos conceptos innovadores.
Juan Aguirre

*Esta reseña ha sido publicada en El Librepensador.

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